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viernes, 19 de diciembre de 2008

IX.- El viaje en el tiempo en la labor periodística

En la lección de esta semana hablaremos de algo que no se suele comentar porque aún hoy supone un fuerte tabú, y además, un secreto de estado. Una situación que no debería continuar así porque si algo hemos aprendido de John Titor y J. J. Benítez es que el viaje en el tiempo existe, y que además se ha de usar para:

1) Hacer películas tronchantes como “Timecop”.
2) Hacer películas espeluznantes como “Terminator 3”.
3) Hacer películas que nos hagan pensar como “12 monos” y “La sargento Benjamín”.
4) Matar a tu propio abuelo.
5) Realizar una investigación periodística en profundidad.



Todo buen profesional que se precie ha de tener su propio módulo de desplazamiento espacio-temporal cuántico, o lo que es lo mismo, un Condensador de Fluzo. Para ello, la Junta de Andalucía concede becas y subvenciones que cualquiera puede solicitar, siempre y cuando no se sobrepase el nivel de renta establecido.

Pero el viaje en el tiempo tiene ciertas reglas que se han de cumplir por y para el bien de la Humanidad en general, y el mío en particular. Una de estas reglas, y la más conocida entre los profanos, es que, por muchas ganas que tengamos, no podemos retroceder en el tiempo para acabar con ciertos personajes que sin duda supusieron, cuanto mínimo, una lacra social.

Así, nunca usaremos el viaje en el tiempo para matar a Hitler, Gandhi o Steff Urkel, o para evitar que la gente cuelgue grandes parrafadas horteras en Internet, puesto que esto tendría consecuencias impredecibles en la línea temporal tal y como la conocemos, y ya que nuestra labor es informar, al regreso de nuestro viaje podríamos encontrarnos con una cantidad infinita de noticias totalmente nuevas, fruto de nuestra intromisión en el continuo espacio-tiempo, y por ende, una cantidad de trabajo interminable. Cosa que los periodistas, al igual que los funcionarios, detestamos.

Además, los profesionales de los medios tenemos que llevarnos bien con todo el mundo, incluidas otras personas y/o cosas, por ello no debemos enfadar a los historiadores porque estos tienen un gran poder social debido a que tras el éxito de “El código Da Vinci”, “La Sábana Sucia” y “El supersecreto mejor guardado de Los Cataros: cómo hacer que la cola light sepa a cola normal”, sus obras son muy conocidas por el público en general, y pueden volcar la opinión pública en contra de los medios, haciendo que la gente se tire en masa a quemar kioscos, colecciones de Planeta-Agostini y gabinetes de prensa.

Otro punto que debemos tener en cuenta a la hora de viajar en el tiempo para desarrollar una investigación o cualquier labor de documentación, es la posibilidad de dar lugar a Paradojas Temporales. Las paradojas, para que me entendáis, son esas afirmaciones que en principio parecen decir una verdad, pero que en el fondo se contradicen a sí misma. Un ejemplo de paradoja, es la Paradoja Verídica de Malo, que viene a decir que con grandes parrafadas literarias una persona liga más. Es una afirmación absurda, pero finalmente cierta.

En este sentido una Paradoja Temporal es cuando viajas en el tiempo y modificas de tal forma tu propia existencia de manera que en realidad no puedas viajar en el tiempo para realizar dicho cambio. Sé que todo esto es muy complicado, por ello no todos los periodistas pueden atravesar el Túnel del Tiempo. Sólo están capacitados para hacerlo aquellos que no muestran tendencias homicidas hacia ningún familiar suyo necesario para su nacimiento, ya sea abuelo, abuela, padre, madre… Este tipo de periodistas, por desgracia, escasean.

En fin queridos míos, hasta aquí los fundamentos básicos que debemos tener en cuenta a la hora de conjugar la actividad periodística con el traspaso de materia a través de la Cuarta Dimensión. Espero que todo lo aprendido lo uséis para el bien, y recibid un cordial y último saludo que transmite para vosotros mi buen amigo JFK.

Tito Paco

martes, 2 de diciembre de 2008

VII.- La preservación de la integridad, no estructural, sino moral


Aprovechando la tesitura en la que me encuentro (que estoy borracho), que se acerca el fin de (los tiempos, no) año y no sé aún qué voy a hacer, y que siempre estáis a tiempo de venir (chicas) a mis tutorías, esta semana hablaré de preservar lo que es la piedra angular de todo buen periodista y sobre la que pasamos de puntillas en la lección anterior: la integridad.

La integridad es lo que nos proporciona objetividad, y, a buen seguro, lo que diferencia un buen comunicador de un tipo que se lo pasa de puta madre, que va a fiestas y se tira a las artistas progres buenorras de turno. Por tanto, es algo que se ha de conservar a toda costa.

Sé que durante el devenir de los años recibiréis proposiciones deshonestas por parte de personas sin escrúpulos a cambio de una buena reseña en el medio en que trabajéis, que les ayude a medrar en el mundo en que se mueva: ya sea el artístico, el político, el social, el deportivo, el de sucesos o el de la página de ciencia.

Así, un día no muy lejano, puede que Bertín Osborne se os acerque y os sugiera una felatio de órdago a cambio de una buena crítica de su última película; puede que Chaves os presente a su secretario a cambio de no hablar de la Junta; quizá Diego se ponga en pompa a cambio de una buena… enculada; incluso algunos compañeros de profesión puede que os enseñen fotos de, Dios no lo quiera, alguna glándula mamaria para que le cedáis alguna exclusiva… Pero nunca debéis dejaros cegar por estas insinuaciones porque la honra de un periodista, como dice la canción, se mancha y no brilla más. Ni más ni menos.

Puede que al principio resulte duro, puede que parezca una chorrada, puede que yo no haga lo propio en pro de la integridad, pero creedme: es mucho mejor que no aceptéis ofrecimientos deshonrosos porque al final pasan factura. Además, si los aceptáis, cabremos a menos.

Pasan factura porque nunca sabréis si os estáis acostando con Nuria Bermúdez por amor, o si ella lo que busca realmente es salir en el "Cuore". Y eso os puede destrozar el corazón. Nunca aprenderéis a confiar en nadie, y vuestra vida se volverá un caos de sexo desenfrenado, fiestas, alcohol, drogas, discos y comic gratis, invitaciones a chalets de políticos y a restaurantes caros en donde sólo hallareis la mayor de las soledades, y un deportivo en la puerta.

Así que, mis queridos padawans, antes de morir, digo, de acabar con esta lección, quiero aconsejaros que no os paséis al lado oscuro del periodismo, a menos que queráis terminar escribiendo para "Loka", la "Rolling Stones", o la revista de los 40 subnormales.

Tito Paco